Don Poncho y el fut

Tengo algunos años, varios, no recuerdo cuántos, que conozco a Alfonso Flores Estrada (o “don Poncho”). En el 2011 recuerdo que di cuenta puntual de uno de los fracasos más sonados de mi biografía de emprendedor (a estas alturas yo le diría a cualquier socio potencial mío que se lo pensara dos veces antes de firmar cualquier contrato de asociación conmigo).

Recuerdo que en aquel entonces escribí que esa semana (el 5 de octubre de 2011), le dimos el requiescat in pace al negocio más efímero de la historia culinaria si no del Mundo, ni del país, ni del Estado, por lo menos sí de la Colonia Santa Rita de esta ciudad de Chihuahua. Ese día, a “Pollos Los Compadres”, que vio la luz exactamente once días, con cuatro horas y como quince minutos, se lo llevó el carajo.

Es evidente que para mí, necio como soy, no se trataba de un asunto de morirse así nada más y, lo de los pollos, como el Ave Fénix, renació de sus cenizas y ahí mismo, para felicidad de sus progenitores (o sea, don Poncho y yo), vio la luz El Rinconcito Michoacano, el sabor de Michoacán en Chihuahua.

Quiero decir que, desde un principio yo pensé que el asunto se trataba de vender pollos y barbacoa —aunque distraído como soy, duré pensando seis meses que íbamos a vender carnitas—, pero resultó que no, que iba a ser barbacoa y pollos. Ese intríngulis nos dejó con una pollería de tinte kafkiano que vendía barbacoa estilo Michoacán (con adobo) en vez de pollos (asados a las brasas, como el cabrito neolonés). Como sea, para poner orden en ese desmoche decidimos que lo nuestro, lo nuestro, lo nuestro, estaba en vender primero la barbacoa y luego los pollos; ya luego decidiríamos si le entrábamos o no al asunto de las carnitas.

No le entramos.

Digo, no le entramos porque el negocio de don Poncho desde siempre ha sido ése: vender carnitas; de tal suerte que no me acuerdo ni cómo ni cuándo, pero finiquitamos nuestras transacciones comerciales.

Todo lo anterior, porque don Poncho y sus asuntos volvieron a mi vida recientemente; a Dios gracias, no en forma de negocios. Me explico: hubo un Torneo municipal de futbol rápido y, después de varios intentos, mucho trabajo de por medio y una larga historia por contar, el equipo de don Poncho llegó a la gran final.

¡Ah! Se me olvidaba decir, que don Poncho es fanático del futbol.

Desde siempre, don Poncho ha patrocinado equipos y, ¡cómo no!, actuado como director técnico. En esa faceta, para esta temporada, don Poncho y su equipo, Monarcas Morelia, se lucieron: 17 juegos y 17 partidos ganados; así llegaron a la final de un torneo organizado por el Municipio de Chihuahua. En su haber, ya contaban con el primer campeonato, en 2008 (en el Parque Revolución); campeones interunidades en 2016; subcampeones en Torneo Copa del Tricentenario, en categoría libre; entre otros. En esta ocasión, patrocinados por Empresa Ilión y Carnitas Uruapan, llegaron, como ya dije, invictos a la gran final del torneo Marco Bonilla, celebrada en el parque Urueta el lunes pasado. Y ya.

Es decir, a continuación, quisiera escribir que la historia terminó con final feliz, pero no. El equipo de don Poncho, luego de multitud de afanes, perdió; por un gol, pero perdió.

Así es el beisbol…, digo, el fut; así es el futbol. Desde aquí un abrazo a don Poncho y sus muchachos. Chicos, no se achicopalen, hay muchos torneos por venir.

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Luis Villegas Montes

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Por: Redacción2
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